El retroceso de la izquierda en América Latina: Significado y oportunidades
El retroceso de la izquierda en América Latina: Significado y oportunidades

El escenario político-electoral de América Latina ha presentado cambios sustanciales en los últimos años. Luego de que la izquierda tuviese el dominio gubernamental de los principales países de la región, la realidad es distinta en la actualidad. Pero, ¿qué puede significar esto?, ¿se trata de una nueva etapa de alternabilidad democrática? A continuación, algunos planteamientos relacionados.

Del predominio al retroceso institucional

En tan solo dos años, ha ocurrido un interesantísimo viraje en varios países latinoamericanos. El triunfo presidencial de Mauricio Macri en Argentina, dio inicio a lo que pareciera ser una constante regional: el desalojo de la izquierda del poder.

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La movida continuó con la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, el retorno de Sebastián Piñera en Chile, la sorpresiva ruptura ideológica de Lenín Moreno en Ecuador, y el regreso de las corrientes uribistas en Colombia, de la mano de Iván Duque. Todo esto se ve complementado con el triunfo electoral de Jair Bolsonaro en Brasil, lo cual, desploma aún más a la izquierda brasileña.

Sin embargo, este escenario no se limita a procesos electorales, sino que también guarda mucha relación con el desencanto popular y los escándalos de corrupción en los que se han visto inmersos ex mandatarios izquierdistas, tales como Cristina Kirchner, Rafael Correa, Lula Da Silva y la misma Rousseff.

Ahora bien, el retroceso de la izquierda puede verse también en dos vertientes. Una de ellas tiene que ver, como se ha dicho antes, con su salida de espacios de poder por la vía electoral. La otra, en cambio, resulta más profunda, ya que se refiere directamente a la realidad institucional que esos mismos gobiernos habían propiciado desde la década del 2000.

Y es que, entes multilaterales de reciente creación, como UNASUR, CELAC y Petrocaribe, han entrado en una decadencia que luce irremediable, al menos en el corto y mediano plazo. Por ejemplo, Colombia anunció hace poco tiempo su salida de la UNASUR, y es previsible que otros países afines le sigan la corriente.

De igual manera, la CELAC quedó prácticamente silenciada tras el fallecimiento de Hugo Chávez en 2013, mientras que Petrocaribe también se ha visto menguada por la profunda crisis económica que atraviesa Venezuela. Incluso algunos países caribeños que integraron esta organización, ahora votan en contra de la propia Venezuela en escenarios como la OEA.

Cómo interpretar el contexto

El retroceso de la izquierda ha dado una suerte de vía libre a movimientos de derecha y centroderecha, lo que no significa un cheque en blanco por parte del electorado. De hecho, pese a sus esfuerzos, la gestión económica de Mauricio Macri no ha logrado ser exitosa en Argentina, y, en Brasil, el gobierno interino de Michel Temer tampoco ha mejorado la condición del país. También, un escándalo de corrupción provocó la dimisión de Pedro Pablo Kuczynski en Perú.

Este tipo de situaciones han servido para envalentonar a gobiernos que se proclaman de izquierda, tales como los de Nicaragua y Venezuela, aferrados al poder a como dé lugar, e incluso el de Bolivia, donde Evo Morales insiste en buscar su reelección, más allá de un referéndum popular que vetó esta posibilidad en 2016.

Casos completamente aparte los representan la izquierda pragmática y desenfadada que gobierna Uruguay, y el recién electo en México, Andrés Manuel López Obrador, de quien aún es muy temprano para pronunciarse.

En este sentido, el cambio de escenario significa distintos desafíos para América Latina. Por un lado, se encuentra la posibilidad real de marcar distancia con los movimientos demagógicos y populistas de izquierda, y presenciar un surgimiento de tendencias progresistas realmente democráticas que ocupen su lugar en el espectro ideológico.

Por otro lado, los gobiernos de derecha y centroderecha corren el riesgo de no estar a la altura de las circunstancias, y eventualmente perder el poder en beneficio de agrupaciones todavía más conservadoras, como puede ocurrir en Brasil.

El nuevo clima político latinoamericano: Entre el pragmatismo y el nacionalismo

En lo referente al marketing político también se aprecia un fenómeno digno de estudio, ya que las agrupaciones derechistas parecen haber comenzado a ocupar el discurso político de cara a las masas. Cabe recordar que, en este ámbito, la izquierda lucía imbatible desde inicios de la década de 2000, cuando personajes como Chávez, Correa o Morales irrumpieron en la palestra con estilos discursivos nada ortodoxos.

 

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Sin embargo, ahora es posible observar que dirigentes conservadores son capaces de mover masas haciendo uso de la palabra, los medios de comunicación y las redes sociales, de una manera que logra alcanzar a la población. Un ejemplo palpable lo representa Álvaro Uribe en Colombia, quien se echó al hombro la campaña y triunfo electoral de su pupilo Iván Duque.

Lo mismo, aunque con otros matices, ocurre en Brasil con el ultranacionalista Jair Bolsonaro, quien se ha convertido en un fenómeno de masas, de la noche a la mañana. Además, Bolsonaro tiene un plus que quizás muy pocos dirigentes políticos en la historia han logrado sortear: sobrevivió a un salvaje atentado contra su vida durante un acto público, y esto lo catapultó mediáticamente.

Con casos como estos, se puede decir que la derecha latinoamericana ha sabido por fin conjugar el apego a valores como la familia, patria y tradición, con un lenguaje moderno para comunicar su mensaje a mucha más gente. En este sentido, han sabido ganarse espacios en las redes sociales, o en su defecto crearon nuevas formas de usarlas.

Conclusiones

El votante latinoamericano históricamente ha sido muy emocional, ya que suele identificarse con aquellas figuras que le transmitan una sensación de autoridad, pero también de ser “uno más de los suyos”. De allí que los discursos excesivamente formales, acartonados o muy planificados, rara vez han tenido éxito electoral en la región.

En consecuencia, la derecha y centroderecha ha sabido entrar a ese terreno, donde antes dominaban indiscutiblemente las izquierdas de corte radical (año 2000 en adelante) y socialdemócrata (décadas de 1960 a 1990).

Del mismo modo, los movimientos conservadores han logrado en cierta manera deslastrarse de su asociación con las dictaduras militares que asolaron al continente, y han buscado utilizar un lenguaje político para acercarse a las personas de una manera más afable, y aprovechando las nuevas tecnologías de la comunicación.