Contenidos virales: ¿existen las fórmulas mágicas?

Cuando hablamos de publicidad en redes sociales, el hacer un contenido «viral» se ha transformado en la meca, y las campañas electorales no han sido inmunes a este aspiracional. Estos son contenidos que se vuelven sumamente populares y, en el correr de pocas días o incluso horas, se vuelven de público conocimiento.

Los virales se dan de forma espontánea o accidental. Muchas veces hablamos de que un contenido se hizo viral y suele tratarse de burlas o situaciones incómodas para alguno de los personajes del mismo. Si bien se ha vuelto un aspiracional porque los contenidos virales son por definición aquellos más disruptivos, los más populares suelen ser a expensas del contenido, no por una buena ejecución.

Sin embargo, tenemos casos en la política en el que la viralización no solo se logró, sino que tuvo una repercusión positiva en la campaña. En 2014, la bandera que hizo Luis Lacalle Pou en su campaña para las elecciones presidenciales en Uruguay  se volvió un emblema de “Por la Positiva” y no solo fue replicada por muchos militantes, sino que permitió reafirmar su posicionamiento como candidato joven y fresco.

Podemos tomar ese caso para ejemplificar cómo una acción espontánea puede ser el motor disparador de una viralización, sin tener que afectar realmente el contenido. Es imposible planificar la viralización del contenido porque depende de los usuarios y la popularidad que tenga con ellos. Debemos crear contenidos que sean atractivos para el receptor, que conecte con ellos, pero no hay fórmulas mágicas que nos lo puedan asegurar.