El candidato está en línea

La comunicación unidireccional en campañas es algo del pasado. Con la irrupción de las redes sociales, ya establecidas como canales esenciales de comunicación, los mensajes en política son de ida y vuelta. A través de las redes sociales los comandos de campaña han adquirido el poder de controlar su narrativa como nunca antes, y de tener una retroalimentación constante de otros usuarios respecto de las acciones que toman. 

Los canales disponibles para lograrlo parecen multiplicarse de una campaña a otra, y una tendencia ha sido la de habilitar canales directos – más allá de las redes sociales “públicas”- para contactarse con potenciales votantes. Hablamos de mensajes de texto, WhatsApp o aplicaciones como Telegram, que permiten establecer contacto uno a uno con distintas personas. En distintos casos se ha visto cómo los candidatos utilizan esos canales para hacer llegar información o incluso los habilitan para recibir comentarios directamente de la ciudadanía. ¿Qué cuidados hay que tener en este escenario?

Los servicios de mensajería pueden sumar como herramientas en la campaña, pero el tipo de comunicación directa que se establece por ahí en caso de habilitarlos como un canal de recepción de información debe ser, por su naturaleza, personalizada. Quienes se comuniquen por esa vía, si se les prometió acceso al candidato, esperarán una respuesta personalizada y en el tono en que el candidato lo haría. Por eso, de nada sirve un canal más si no se cuenta con la capacidad de responder de forma adecuada a cada uno de los mensajes que se reciban por allí. Antes de abrir una cuenta más debemos preguntarnos, primero, si es funcional con nuestra estrategia y con el perfil del candidato; y en seguida si tenemos los medios suficientes como para hacer frente a una nueva demanda. 

En los casos en que desde la campaña se utilizan servicios de mensajería de forma proactiva para hacer llegar mensajes a los electores también hay que tener cuidado. Incluso en tiempos de redes sociales hay canales que se consideran más privados que otros, y recibir un mensaje por esa vía de alguien a quien no se ha dado el contacto puede ser contraproducente. Con el tema de la privacidad encima de la mesa hay que tener mucho cuidado por la manera en la que se obtienen los datos y los consentimientos para utilizarlos.

Cuando el objetivo es ganar una elección hay que estar al día con todas las posibilidades que la tecnología nos ofrece para fortalecer el mensaje; pero siempre teniendo en cuenta los demás factores. Funcionalidad a la estrategia, cuidado por la privacidad y coherencia con el perfil del candidato son, también para la mensajería, claves que debe seguir la campaña.