El que calla, ¿otorga?

«Uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras», declaró Aristóteles y esta idea se mantiene vigente hasta la fecha. Hemos sido educados para creer en el silencio como una fuerza poderosa, a medir nuestras palabras y tener mucho cuidado antes de pronunciarlas.

Cuando se trata de lidiar con la prensa, esta máxima es de suma importancia: debemos tener cuidado a la hora de hablar, nunca perder el control de nuestro discurso y tener muy claros los puntos a tratar. Hacia dónde llevar la conversación, hacer hincapié en nuestra agenda propia y lograr transmitir de forma clara nuestros mensajes deben estar siempre presentes cuando el candidato concede una entrevista.

Sin embargo, guardar silencio es un arma de doble filo. Si bien es recomendable medir nuestras palabras, no siempre podemos callar sobre los temas que nos demanda el público y quien nos entrevista. Podremos desviar la conversación varias veces, pero en el imaginario colectivo, los receptores tomarán postura por el candidato si este no lo hace de forma explícita.

Los silencios muchas veces los llena la opinión pública: debemos medirnos para no hablar demás, pero también debemos contemplar y responder a las inquietudes de nuestro electorado ya que, de no hacerlo, responderán por nosotros los rumores y las especulaciones.