¿Es el ataque la mejor estrategia?

Las campañas electorales parecen estar siempre regidas por el ataque a la oposición: si se enfrentan al oficialismo se criticará la gestión, mientras que si somos parte de este el discurso atacará la falta de experiencia y poca aptitud para el cargo. Esto no se acota a la capacidad profesional, sino que también se atacará rasgos de la personalidad que resulten flancos claros.

Si bien la campaña electoral siempre se caracterizó por ese storytelling agresivo hacia su oposición, se ha probado que no es el único camino para una campaña exitosa. Un claro ejemplo fue la campaña de Luis Lacalle Pou en 2014 «por la positiva», donde se pregonaba e intentaba hacer ruido con noticias positivas sobre su propia campaña, en lugar de atacando al resto. Si bien Lacalle Pou no llegó a la presidencia, esta campaña lo posicionó como el candidato de su partido.

Por otro lado, el peligro de las campañas agresivas es que en ocasiones victimizan al atacado y pierde validez la crítica. Si se logra posicionar como el víctima de un ataque innecesario, logrará mayor empatía con el electorado y puede incluso capitalizar la estrategia para hacer de esto una campaña propia. Sin embargo, el no criticar al oponente en un campo de batalla donde la agresividad es la norma, puede dar la impresión de que no hay nada reprochable para decir sobre nuestra contraparte.

Otra variable es si nos encontramos en una etapa de internas o nacionales. Si se trata de una elección interna, el ataque debe ser medido ya que son tus potenciales compañeros a la hora de crear la fórmula como partido, además de que su electorado eventualmente se va a unir con el del resto del partido. En estos casos es más que importante lograr fortalecer la imagen sin defenestrar la de la contraparte, ya que se trata de una oposición relativa.

En suma, no hay fórmulas mágicas pero el ataque en tiempos de campaña se debe equilibrar con mucho cuidado. No debemos ser atacados, pero tampoco debemos atacar más de lo necesario. La mejor estrategia es que nuestros propios logros sean lo que se escucha con mayor fuerza.