La política en tiempos de memes

El humor y las campañas tienen una relación de amor-odio: si bien en la comunicación el humor bien utilizado es una gran estrategia, la comunicación política requiere de una seriedad que conspira contra esta.

En la política el humor atenta contra la seriedad de un argumento: estamos hablando del futuro de un país, de la economía, la educación. Si hacemos chistes en estos contextos parece que no respetamos lo importantes que son estas temáticas y pierde fuerza quien lo dice.

Por otro lado, el humor es una gran herramienta de desarme de la oposición: ante un ataque, el ridiculizar la afirmación del otro es una buena forma de sacarle importancia. En este aspecto, el humor sigue siendo nuestro mejor aliado, siempre y cuando seamos quienes controlan esta narrativa y nunca la usemos para hablar de situaciones del país, nuestra gestión, ni las figuras de nuestra campaña. El humor debe ser utilizado únicamente para los adversarios, pero siempre en un marco de respeto.

Sin embargo, en tiempos de redes sociales las burlas, los memes, los remix de videos pueden tener incluso más repercusión que lo que nosotros decimos. ¿Vale la pena responder a estos agravios si los dirigen a nuestra campaña? ¿O es mejor ignorar?

Lo primordial es recordar que uno no tiene control sobre lo que se publica en internet y, a menos que sean agravios o acusaciones graves, la reacción probablemente solo le de más difusión al contenido y no ayude a nuestra reputación. Si no se trata de una ofensa grave y es simplemente un poco de humor, podemos ignorarlo o tomar el meme o video con humor y apropiarse de esa narrativa. Compartir el contenido con un comentario que encause nuevamente la atención donde debe y que muestre la seguridad de quien no tiene nada de qué avergonzarse.

La política es un tema serio, pero desde la comunicación debemos controlar nuestra narrativa. Debemos aceptar que el humor es parte del electorado y usarlo con inteligencia: como un reflejo de quienes lo utilizan como arma y no de quienes reciben el ataque.