Más allá de las palabras

Los políticos necesitan hablar dos lenguajes para maximizar la efectividad de sus mensajes: un lenguaje verbal y otro igual de importante: el no verbal. El partido de la credibilidad no se juega solamente a partir del discurso, sino que hay otros elementos que hacen que el electorado se sienta afín a lo que los políticos comunican. 

Las expresiones faciales, el tono de la voz, la mirada, y el lenguaje corporal en general forman parte de la comunicación de los candidatos en apariciones públicas, entrevistas y debates. Y en esos momentos el tiempo para causar una impresión suele ser muy corto, por eso hay que cuidar todos los aspectos del mensaje. 

Algunos ejemplos de esto pueden ser el uso de las manos en la oratoria: si no vemos las manos de alguien nos resulta menos convincente, así como los brazos cruzados dan la impresión de tener la guardia alta. Por el contrario, los gestos de palma abierta o las manos reposando en la falda dan los mensajes opuestos: apertura y tranquilidad.

Otro ejemplo es el de inclinar la cabeza, un gesto casi instintivo cuando estamos nerviosos o reflexionando. Sin embargo, en situaciones como un debate puede ser interpretado como sumisión. Por eso es recomendable siempre mantener la mirada alta y la postura derecha.


Las apariciones públicas no son mensajes aislados de los candidatos en campaña, sino que forman parte de un todo mayor que debe tener una mirada estratégica. Sin embargo, seguramente se trate de hitos dentro de la campaña y hay que prepararlos como tal. Es por eso que el lenguaje corporal es tan importante en la política: si no se es consciente de los gestos que el público interpretará estamos dejando al azar un porcentaje significativo de algunos de nuestros mensajes más relevantes.